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Sexo, violencia y palabrotas

BEGOÑA IZA

Begoña Iza

Profesora

Hace unos días supe que algunas canciones emitidas en la radio están censuradas. Como lo oyen. Quiero decir que, canciones en inglés que incluyen palabras malsonantes, son editadas borrando la fea palabra en cuestión, o incluso que los y las artistas graban varias versiones, una limpia y otra sucia por así decirlo, para que los cerebros de nuestra juventud no se llenen de basura. Yo no me lo podía creer pero les informo de que es algo habitual. Busco información al respecto en Internet y me encuentro con que Sony Pictures, el gigante audiovisual estadounidense, lleva distribuyendo desde 2017 “versiones limpias” (“clean versions”) de ciertas películas para que pueda verlas toda la familia, aunque sea a costa de censurar partes de su contenido original: nada de violencia explícita, sexo o lenguaje malsonante. Sexo, violencia y palabrotas. Yo no lo entiendo.

No lo entiendo porque, si escuchamos bien el reggaetón y el trap, comprobamos cómo cantan versos sin palabrotas, como por ejemplo “Me quedé esperando que tu mensaje llegara / Me comí otro culo, pero pensando en tu cara” (La inocente, canción de Feid y Mora) o “Tu bate en mi toto son lead y armonía” (Aprendiendo el sexo, de Bad Gyal), y no dejan de ser letras soeces al máximo. Nuestros jóvenes y adolescentes viven en una sociedad en la que se valora el éxito social a través de las conquistas sexuales. En la que el amor se expresa a través del sexo y todo se resume a una competición por ver quién es más directo, insensible y duro. Si escuchan decir o no palabrotas en inglés no tiene la menor importancia. Todo es ponerse y a golpe de móvil hincharse de porno desde los 9 ó 10 años, media de edad para el primer contacto con la pornografía en el Estado español. Quiero decir que el sexo, la violencia y las palabras soeces les llegan o por un lado o por otro. Es imposible mantenerlos completamente a salvo.

Vaya por delante que yo aprecio a los jóvenes y no siempre comparto la actitud paternalista que los mayores tenemos tantas veces con ellos y ellas. No entiendo el objetivo de la censura y además creo que es hipócrita porque, quienes trabajamos cerca de adolescentes y de la juventud en general, sabemos hacia dónde van: van exactamente hacia donde se los está dirigiendo. Si acusamos a nuestros chavales y chavalas de ser vulgares e individualistas, irrespetuosas, soberbias, de no apreciar los valores tradicionales, de falta de esfuerzo… miremos en qué sociedad viven. ¿Qué esperábamos? Acusémonos a nosotras mismas también por no haber sabido conservar principios fundamentales para la convivencia como el respeto, el esfuerzo, la humildad, la solidaridad, la generosidad y el cuidado. Nuestro líquido mundo está en descomposición, devorado por el consumismo y las desigualdades, y la juventud no sabe ni por dónde le da el aire. Se mantiene en pie como puede en una tormenta continua.

Además, creo sinceramente que estas acusaciones que vertemos son injustas y que podemos aprender sobre este nuevo mundo que estamos alumbrando si les preguntamos y conversamos. Algunos están perdidos, tienen falta de referentes (muertas Carmen Sevilla, Concha Velasco y Shane MacGowan, ¿quién queda?), otros muchos sufren inestabilidad emocional… pero son la semilla de algo nuevo por venir. Debemos asumir que ellos y ellas son el futuro, nuestro futuro y, cuando llegue el momento, echarnos a un lado para dejarles tomar protagonismo. Y, si queremos que mejoren el mundo, convenzámonos de que las primeras que tenemos que dar ejemplo somos las personas más mayores. Aunque a veces tengamos que decir palabrotas para desahogarnos, coño.

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