jueves, enero 21, 2021

¿Qué haría usted?

Artículo de opinión de Ely García Más

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No puedo dejar de recordar aquellas palabras que escuché en el aseo de un bar.  No puedo.

Desde aquel día no dejo de pensar que hacer, como actuar, a quien acudir. Durante el día se mezclan con mi vida personal y laboral y por la noche despierto varias veces pensando en ello. ¿Qué harían ustedes si se encuentran dentro de un aseo detrás de una puerta y escuchan llegar a dos mujeres conversando sobre el maltrato hacia una de ellas por parte de su exmarido? La conversación es al principio como todas, quejándose sobre lo mal que lo está pasando con su expareja después de haberse separado., son voces de chicas sobre cuarenta años, sus expresiones y su forma de hablar me hacen pensar que son cercanas a nuestro pueblo, la forma de contar las cosas me hace sentir que ya no puede más, que está muy cansada, desesperada y dolida. Pero pienso que cada mujer o hombre que está pasando por una separación está sufriendo porque cuando se mezcla el repartir bienes y custodias se hace doloroso, tanto para un lado como para otro. Aun así, no me atrevo a salir y no por cotilla sino para que no se sintieran violentas por haber hablado algo tan personal delante de una extraña o quizás peor, por haber hablado de sus miserias ante alguien que seguramente conocerían. Decidí quedarme tras la puerta, pronto se irían y tanto yo como ellas, no pasarían vergüenza. La conversación siguió con lamentos, con llanto, con abrazos e incluso yo, sin conocerlas, participé con esos sentimientos escapándoseme alguna lagrimita. No sabía qué hacer, si salir y decirle que lo sentía o esperar que se fueran. Opté por esperar a que se fueran. La conversación se intensificó y relató como él no la dejaba en paz a pesar de estar separados, la seguía, la asediaba y le hacía chantaje a través de los niños. Ahí mi sufrimiento se fue incrementando y quería salir para decirle que no podía seguir así, que tenía que denunciar, pero a continuación relató que, en unas de las persecuciones hacia ella, él le agredió y lo denunció. La justicia lo sentenció a meses de cárcel, pero consigue que ella le quite la denuncia y se queda en orden de alejamiento, para que sus hijos no vieran a su padre en la cárcel. ¡Error! Exclamé yo. Casi me delato, Yo estaba toda indignada y quería salir a decirle que no se hace, así las cosas, pero siguió la conversación aún más exasperante. Le contó a su amiga que el marido le aseguró que, si no volvía con ella, la mataría junto a sus hijos. En ese momento me quería morir, no puede ser que esto esté ocurriendo en personas tan cercanas a nuestro pueblo. Las oí llorar y yo quería llorar con ellas también, abrazarlas y aconsejarle. Quería decirle que existen formas para que no se sienta sola, que le pueden ayudar y que sobre todo tiene que denunciar y tener fuerza para luchar contra alguien tan rastrero pero que no puede venirse abajo, al revés protegerse y proteger a sus hijos. Salieron del baño y pude salir yo, extasiada, cabreada, irritada, enfadada y por supuesto sin ningún apetito. Miré alrededor de las personas que podrían ser aquellas jóvenes y me quedé muy sorprendida. A veces tenemos a personas sufriendo a nuestro lado y no nos damos cuenta. Desde entonces solo pienso que la próxima noticia de asesinato puede estar en los Alcores y no sé qué hacer. ¿Qué haría usted?

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