Glorioso propósito 1

Glorioso propósito

Manuel Jesús Palma

Manuel Jesús Palma

Escritor

Escribo estas líneas al final de un día absolutamente desastroso, de esos en los que sientes que todo te va a salir mal. El mundo parece conspirar en tu contra y tú piensas en qué habrás hecho para merecer algo así. Luego te das cuenta de cómo está el percal hay afuera, y de lo buenos que han sido los últimos días, semanas, meses… y el ataque de ombliguismo se te pasa. Estos días también tienen que existir, sobre todo si estamos encaminados a ese glorioso propósito.

Ya saben de qué les hablo. Ese sueño supremo que todos tenemos. Esa máxima aspiración que queremos alcanzar, según la receta tradicional, a través del trabajo, la perseverancia y el esfuerzo. Dignos valores que hoy en día, como todo, parecen estar evaporándose en esta sociedad descreída, cínica y curiosamente hipócrita, porque es la misma que te empuja a “luchar por lo que quieres”, a cumplir esa meta para la que has nacido.

Tener una motivación es indispensable para seguir creciendo y evolucionando, eso por descontado. Son las metas, los objetivos, los que hacen movernos más allá de nuestro lugar de siempre para seguir explorando todo lo que la vida tiene para ofrecernos. Pero hay veces en los que uno se obsesiona con ese glorioso propósito, tanto que lo convierte en su única forma de vida. Quiero llegar a ser músico, por ejemplo, y todas mis decisiones, hasta las más nimias, van a ir encaminadas en esa dirección. Un viaje lleno de obstáculos y complejas ramificaciones que, en muchos casos, se lleva por delante no solo la motivación, sino también las ilusiones, las fuerzas y el tiempo de muchas personas que se han perdido buscando ese gran sueño.

El día de Navidad del año 2020, Pixar estrenó la película Soul, una de las más destacadas que ha lanzado en los últimos tiempos. En ella, su protagonista perseguía de forma incansable su sueño y, mientras tanto, descuidaba la propia experiencia de vida que estaba teniendo. Tan obcecado en lograr ese glorioso propósito estaba que no era capaz de disfrutar de todo lo que tenía a su alrededor. Una lección manida que, contada de esa manera, con la música jazz como telón de fondo y la inagotable ternura del estudio de animación, era capaz de calar hondo en cualquiera.

Que ese gran propósito que todos tenemos no nos haga perdernos lo verdaderamente importante: el viaje. Disfrutar, como diría nuestro paisano, de las cosas pequeñitas que conforman nuestro día a día, y en las que uno puede encontrar seguramente mucha más felicidad que en un gigantesco sueño a cumplir, influido además por las ambiciones ajenas. ¿Y si el verdadero propósito de la vida fuera tratar de aprovechar esos momentos cotidianos, en lugar de buscar la fama, el éxito, el dinero o cualquier otro deseo vulgar?

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