Esto es carnaval 1

Esto es carnaval

Manuel Jesús Palma

Manuel Jesús Palma

Escritor

Febrero marcado a fuego en el calendario, como principio y final de una experiencia que sublima los cinco sentidos. Febrero como recompensa a la entrega y el sacrificio de una comparsa que lleva ensayando desde verano. Febrero de fiesta en la calle, de gente mirando al frente y no arriba, en busca de una emoción o de una carcajada. Febrero de disfraces hechos a mano, con el cariño de una madre o una abuela, de orgullo familiar al escuchar al más pequeño cantar su primer estribillo. Febrero de coplas y de jolgorio, de charangas y de tablaos en las plazas, de callejeras en las esquinas. Febrero como sinónimo de la fiesta más libre y a la vez, la que más te encadena, porque una vez dentro uno ya no sabe cómo salirse.

Así han sido mis febreros durante la última década, asomándome allá donde esta fiesta sigue viva, preguntándome una y otra vez qué ha pasado en mi pueblo para que sea un agujero negro durante este mes, salvo pequeñas y exquisitas excepciones. Una tarde, un escenario y unos cuantos grupos dispuestos a cantarle a la gente. Tampoco hace falta mucho más. Exiliado, solo en lo que a esta fiesta se refiere, uno disfruta de ella donde puede y donde le dejan. Escribiendo letras, tocando el bombo o ayudando a crear un pregón que ponga en pie a todo un patio de butacas. Apoyando el pasacalles, aplaudiendo a las otras agrupaciones y comprobando como la cantera empieza a despuntar.

Febrero me ha traído muchísimas alegrías y algún que otro disgusto. Estos últimos los he olvidado muy rápido, porque cuando uno es feliz tiende a acordarse solo de lo bueno, o tal vez una cosa vaya con la otra. Febrero me ha permitido conocer a gente increíble que hoy ya es imprescindible en mi vida, y fortalecer relaciones que siempre han estado ahí, pero que se vuelven más especiales con el barniz de los papelillos y las coplas.

Hay mucha gente que, una vez pasa la Navidad, pone la vista en Semana Santa, o incluso en Feria, como las fiestas más señeras. Yo tengo el privilegio de pertenecer a esos jartibles que hacen de Febrero un reducto de verdad, de crítica y de alegría, algo muy  necesario en los tiempos que corren. Una fiesta donde caben todos y todo, donde el ingenio, la gracia y la rebeldía son las únicas que no necesitan disfrazarse, y las máscaras muchas veces muestran más de nosotros que nuestra auténtica faz.

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