Abrazando el caos 1

Abrazando el caos

Manuel Jesús Palma

Manuel Jesús Palma

Escritor

Decía sir Terry Pratchett, tal vez uno de los contadores de historias más imaginativo y genial de nuestra era, que el caos siempre derrota al orden porque está mejor organizado. Y la verdad es que no le falta razón al escritor británico.

El orden, como el tiempo, no puede ser más que una vana ilusión que el ser humano crea para sentirse a salvo, para no volverse loco en un mundo que no entiende. El orden, como el tiempo, es una respuesta imprescindible, un constructo mental para todos nosotros, que buscamos un lugar en este universo lleno de personas, tiempos y espacios. El orden lo que vertebra a la sociedad, desde las ciudades más gigantescas a los puestos de trabajo más pequeños, desde las habitaciones de los adolescentes de 15 años hasta los inmensos volúmenes repartidos por la estantería de la Biblioteca Nacional.

Pero hay algo que diferencia al orden del tiempo, y es la manera en la que cada uno entendemos este concepto. Mi orden puede ser muy distinto al suyo. La simple forma en la que dispongo los alimentos en mi nevera puede generar un debate de horas con otra persona que, desde su propia posición y forma de ser, es incapaz de llamar “orden” a la arbitraria forma de colocación que yo he creado. Lo mismo para los libros, para la ropa o incluso para las relaciones. Necesitamos ordenar y clasificarlo todo para poder tenerlo a mano cuando lo necesitemos. Esa es la única verdad. El orden solo sirve para facilitarnos la vida a la hora de saber dónde está algo.

¿Alguna vez se han preguntado porque la letra A es la primera del abecedario, o porqué se coloca la Z en último lugar? Hay una explicación lógica, por supuesto, pero es de tipo histórico. La evolución de los alfabetos nos ha traído hasta aquí, pero el orden de las letras que los conforman es, oh, vaya, totalmente arbitrario. Las letras incluidas en un sistema alfabético necesitaban un orden para facilitar la creación de guías, diccionarios y enciclopedias que recogieran las palabras que se iniciaban por esas letras. Pero el hecho de que la S vaya muy por detrás de la C o la K no tiene una explicación lógica. El orden es una ilusión y como tal, ayuda mientras no rompamos su hechizo.

Comencé citando al caos y al final he terminado hablando solo de orden, porque es lo que nos obsesiona. Pero el caos sigue ahí fuera, venciendo al orden cada día, recordándonos que la entropía es un coloso que devorará cualquier intento de ponerle lógica a esta sucesión de acontecimientos absurdos que llamamos vida. ¿Demasiado pesimista? Al contrario. Cuando uno abraza el caos, lo ve como un aliado ineludible y no como un enemigo, empieza a entender mucho mejor que el orden está bien para algunas cosas, pero no para otras.

Conclusión: que cada uno ordene su vida, sus ideas, sus pensamientos y su biblioteca como prefiera.

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